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Tuesday, November 3, 2020

Perdiendo Jóvenes 2. (Ideología de género, aborto, drogas y prostitución)

 


Perdiendo Jóvenes 2.
(ideología de género, aborto, drogas y prostitución)

¿Alguna vez has levantado del suelo de la calle a un joven semidesnudo, sucio, maloliente, casi inconsciente debido a el abuso de una droga? ¿Sabes el dolor inmenso que se siente cuando ves a una joven vida destruida?  ¿Alguna vez has escuchado sus desgarradoras historias por la razón que quedaron atrapados en el infierno de las drogas? ¿alguna vez has conversado con un transexual que se prostituye? ¿En algún momento has levantado una oración por esas almas? ¿Te has puesto a pensar que puede ser tu hijo o hija?

Los más brutales ataque en contra de una sociedad son los más sutiles. Es tan disfrazados de cambio, moda, derecho o libertad. Más del 90% de los usuarios de droga que viven en la calle han sido abusados sexualmente en su niñez y eso los ha llevado a las drogas.

¿Sabes que la ideología de género es el más brutal de los ataques en contra de los niños y la juventud? Va directo a la educación básica de un niño en su etapa más importante de su formación. Esta ideología está diseñada para confundir, distorsionar y abusar de la niñez.

Más del 90% de las personas que se hacen cambio de sexo, terminan en las drogas y suicidándose. ¿Eso es lo que quieres para tus hijos, nietos, sobrinos, los niños de todos?

Hay múltiples ministerios y organizaciones que tienen el propósito de llevar comida caliente, ropa y artículos de primera necesidad, sin embargo, no es suficiente; no cuentan con los recursos y la infraestructura para restaurar y apoyar a los adictos. De esta forma en realidad solo estamos alargando el sufrimiento y prolongando la adicción. El adicto requiere apoyo físico y espiritual para fortalecer su voluntad. La iglesia UNIDA puede ser el contacto en la calle con el adicto para llevarlo a un centro de rehabilitación y darle seguimiento y apoyo espiritual hasta que se rehabilite.

 Existen millones de dólares y programas, así como toneladas de buenas intenciones. Sin embargo, es necesaria una coordinación estructurada de los apoyos. Enfrentamos un terrible e implacable enemigo llamado adicción a las drogas que está robándose las almas y aniquilando el futuro de un país.

 ¿Cómo podemos lograrlo? Por medio de la colaboración multisectorial y la voluntad de todos los recursos disponibles. Esto incluye desde la voluntad del adicto, el gobierno, la iglesia, y las instituciones sin fines de lucro y privadas. Solamente unidos en obra y oración es posible combatir a este implacable y destructivo enemigo roba almas. Cada iglesia, ministerio, gobierno y asociación cuentan con recursos que por separado no están logrando nada en esta guerra. En cambio, si se unen esfuerzos de forma honesta, comprometida, eficiente y coordinada podremos restaurar jóvenes y arrebatarlos de las malditas garras de la droga.

 ¿Como debemos comenzar? Como primer paso con un corazón humilde, que transforme nuestra mente con un nuevo entendimiento para hacer a un lado el egoísmo y el protagonismo, la autoexaltación, la soberbia, orgullo, envidia, contienda, competencia, celos y autocomplacencia por medio de “buenas acciones”, para así despojarnos de nosotros mismos y unir los recursos con los que cada uno de los sectores cuenta.

 El Señor ha puesto los corazones para servir y los recursos para rescatar y restaurar a los jóvenes que caen en adicción y asegurar sus almas por medio de la salvación. Solo necesitamos tener un corazón como el de Cristo, ser sabios y buenos mayordomos para administrar los recursos como es debido.  No olvidemos que al final del camino le rendiremos cuentas a al Señor por lo que hicimos con sus recursos.

 Bendiciones

Prov. 11:30 El fruto del justo es árbol de vida, y el que gana almas es sabio


Thursday, November 22, 2018

¿Por qué estoy aquí?





El ruido de sus voces mi hizo levantar la cabeza de entre mis manos.  Eran 5 jóvenes, unos sin camisa y otros con camiseta sin mangas.  Por su forma de caminar y expresarse, pude notar que se encontraban bajo la influencia de alguna droga.  Mi reacción fue incorporarme y ponerme en guardia.
 Mi primer absurdo pensamiento fue “por lo menos con dos puedo”, giré mi cabeza para darme cuenta de lo alejado que me encontraba de los hermanos de la iglesia, apreté los puños y sonreí.  Se encaminaron hacia mí en silencio.  El que parecía ser el líder se fue acercando junto con su tufo a hierba y alcohol; mirándome a los ojos, me dijo unas palabras.  Su petición me dejó sorprendido, y por unos segundos, no supe cómo reaccionar.  Cuando asimilé lo que me solicitaba, una ola de sentimientos cayó sobre mi pecho.
Era una noche calurosa, lo que empeoraba mi incomodidad.  Ese viernes me sentía completamente fuera de lugar, molesto, lleno de dudas y desesperado en extremo.  Nos encontrábamos en un complejo federal de viviendas público conocido en Puerto Rico como “residencial” o “caserío”.  Este complejo en específico es conocido en Caguas por ser “caliente” debido al tráfico de drogas.  “No es un lugar ni la hora para estar con este calor”, pensé.
Todo lo que ocurría a mi alrededor era completamente ajeno para mí, como si me encontrara en otra dimensión.  Simplemente no podía entender qué hacía en ese lugar.  Me encontraba en medio de un intenso proceso en el cual el Señor me despojaba de aquello innecesario en mi vida.   Paso a paso me quitaba el velo de mis ojos para mostrarme la sabia y hermosa forma de obrar en nuestras vidas.
Habíamos llegado con el propósito de dar un culto de evangelización.  La congregación se encontraba reunida y Angélica ( mi mai) se encontraba con su potente voz predicando la Palabra.  Una poderosa onda expansiva salía de su garganta, amplificada por las grandes bocinas.  Cada uno de los edificios de vivienda era bombardeado con ondas sonoras de palabras evangelizadoras que llegaban hasta la médula de los huesos de quienes las escuchaban.
Mi estado de desconcierto y turbación era completo.  Incluso, esas palabras no me hacían sentido y retumbaban en mi cabeza y en mis oídos.   Decidí moverme lo más lejos posible, fuera del cerco protector de los hermanos de la iglesia.  Caminé entre los edificios a un lugar apartado, me senté en la acera del estacionamiento con la cabeza entre las manos y dije en voz alta: “¿Señor, dime por qué estoy aquí? ¿Para qué me has traído?
Me encontraba sopesando a mis “atacantes”, al mismo tiempo que trataba de recordar cómo llegar cerca del lugar de la predicación.  Mantenía los puños apretados, la adrenalina aceleraba mi corazón, la boca seca y mis piernas listas para correr o patear.
Cuando las palabras salieron de la boca del joven, se mezclaron con el fuerte olor a alcohol que aturdía a cualquiera; sin embargo, fue su petición la que me desconcertó por completo: “Mistel, ¿puede orar por nosotros?”. 
Me quedé paralizado.  Lo pude observar mejor para descubrí que, a pesar de su musculatura desarrollada, no era mayor de 14 o 15 años.  Sus ojos enrojecidos por los efectos de la droga solo lograban cubrir a medias la mirada de un niño lleno de temor, soledad y clamando ayuda de alguna parte.
Le había preguntado a Dios: “¿Por qué estoy aquí? “.   Su respuesta fue clara y contundente: orar por estos jóvenes.  Hasta ese momento nunca me habían pedido que orara por alguien, mucho menos un grupo de jóvenes, casi niños, borrachos, en un punto de droga, en un residencial, en una calurosa noche en Caguas, Puerto Rico.   
Cuando comprendí lo que me solicitaba, mis primeras palabras fueron: “Claro que sí, mijo”. Me acerqué a ellos con los brazos extendidos. Un profundo deseo de abrazarlos a todos juntos y arroparlos bajo mis alas para brindarles alguna protección, me inundó el corazón.
Les pedí que hicieran un círculo.  Entonces, se acercaron hacia mí, excepto un joven de piel muy morena, quien me miraba con recelo, con esa mirada que tienen los niños desconfiados por lo mal que los ha tratado la vida.  Le pedí que se colocara a mi derecha y dejé caer mi mano sobre su hombro.
Él miraba de reojo, con la desconfianza adquirida por los golpes de la vida a su corta edad.  Les pedí que bajaran sus cabezas y empecé a orar.  No recuerdo las palabras ni cómo las pude articular; solo recuerdo un clamor por estos jóvenes desde lo profundo de mi corazón.
Al terminar mi oración, los abracé a cada uno de ellos.  Fueron fuertes abrazos con olor a hierba, alcohol y sudor, pero con un profundo amor y deseo de protección en sus vidas.  El líder me miró con una gran sonrisa, la de un niño agradecido.  Con su mirada ya más lucida, me dijo: “¡Gracias, mistel!”.
Les dije que Dios los amaba, los bendecía y que los cuidaría.  Se despidieron y se alejaron.  Los miraba marcharse, el prieto desconfiado se quedó atrás caminando más lento.  A medio camino, se detuvo, se giró y asintió con su cabeza.  Con un exagerado intento de despedida varonil, se despidió con una mirada de niño alegre y me mostró sus blancos dientes en su rostro obscuro.  
Los observé hasta que desaparecieron entre los edificios.  El prieto volteó su cabeza un par de veces más con la blancura de sus dientes a lo lejos. Inicié el regreso hacia el sitio de la predicación. Ya no había sonido y no podía recordar por dónde era el camino.
Después de unas cuantas vueltas sin rumbo, encontré a los hermanos de la iglesia caminando en el lugar. Se detenían en cada esquina donde encontraban a algún desamparado.  Les ofrecían oración, lo rodeaban y elevaban una hermosa oración por cada una de esas almas desafortunadas.
Fue una noche de oración por los desamparados.  Nuestro Padre me respondió por qué tenía que estar ahí y para qué.  Al pasar los años, pude comprender el hermoso y perfecto plan de Dios para cada uno de nosotros.  Él conoce lo mejor para cada uno de sus hijos, y si lo amas y vienes a Cristo, te va a mostrar las grandezas de su Reino.  

Te invito a que le preguntes a Nuestro Padre cuál es Su propósito en tu vida. ¡Entrégale tu corazón y verás cómo te va a responder! ¡Bendiciones!

Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz.                          Salmos 55:17 RVR1960


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Wednesday, October 17, 2018

Fe, Unión y Unidad.

Es un punto de drogas.  Las almas presas de la adicción y sin hogar,  han convertido a la Plaza de La Juventud de Caguas en su lugar de encuentro y refugio.  Hace un año que Mochilas de Fe se trasladó del terminal de guaguas, a esta Plaza; a la boca del lobo.  Un lugar dominado por el enemigo en donde siempre se enfrentaron retos debido a lo hostil y cargado de la atmosfera.  
 Los primeros meses fueron en verdad difíciles.  Se presentaron desde insultos y golpes entre los indigentes, hasta jóvenes con sobredosis y llamados a la policía.  Estas situaciones llegaron a causar temor y dudas entre el grupo de Mochilas.  Pero una vez que se implementó la oración con clamor y la impartición de la palabra, se declaró el lugar como uno de Cristo con sanación y no perdición.  En consecuencia, cada mes el Señor fue imponiendo su orden.
            Mochilas de Fe es un ministerio el cuál desde sus orígenes trabaja con la comunidad que vive en las calles.  Proporciona apoyo a las personas sin hogar para reintegrarlos a la sociedad y les ofrece comida caliente y “mochilas” (pequeñas bolsas plásticas con jabón, papel higiénico, pasta dental, calcetines y productos de higiene en general). 
 Hasta la fecha, lleva dos años como un ministerio de Centro de Vida Internacional (CDV), organizado y dirigido por la amada Doris, quien por motivos de salud, dejó hace un mes el ministerio para delegarlo en Ramón, joven maestro y nuevo líder de mochilas, y en mi persona.  Hasta ese momento, debido a las limitaciones de mi tiempo, yo solo me encargaba de la parte espiritual.  Mi función era llevar agua, hielo y agua de vida eterna por medio de la oración y la palabra.

El siguiente día que Doris me había entregado la información de logística, llame a la organización benéfica Posada del Ángel, quienes nos proveían mes a mes la comida preparada para la actividad.   Me informaron que en esta ocasión no podrían proporcionarnos los alimentos hasta nuevo aviso.  Días después, Luis “mi compay”, uno de los pilares de CDV y del ministerio, notificó que no podría asistir por motivo de la recuperación de la cirugía de su esposa.  Las otras dos fieles colaboradoras de mochilas, la hija de y la nieta de Doris, tampoco podrían asistir.  Además, Ramón, que se había convertido en un reciente pilar, me avisó que tenía una conferencia en Comerio y le era imposible llegar.  Por si fuera poco, mi esposa tampoco podría asistir debido al trabajo.  Esto solo era el inicio de las complicaciones.

 Unos días atrás, me había reunido con nuestro amado pastor Carlos Manuel de la Iglesia Centro de Vida de Caguas (CDV), a quien amo como a un verdadero hijo.  Él había regresado de un viaje a mi patria, México, y comentamos algunos aspectos importantes de la actividad de ese viernes en la Plaza.  Durante la reunión, le comenté como tiempo atrás, Dios había puesto en mi corazón como Mochilas de Fe, podía convertirse en un eslabón de unidad cristiana.  El plan era simple, solo consistía en conseguir una iglesia responsable cada mes para la actividad de mochilas.   Proporcionarles apoyo en cuanto al permiso, seguro y estructura logística.  En una segunda etapa, trasladar más Mochilas de Fe a otros lugares.  De esta forma, habría doble bendición tanto para las iglesias que asistieran cada mes, como a la comunidad sin hogar presas de la adicción.  Acordamos que me encargaría de realizar el acercamiento con la Iglesia Cristo Salva de Gurabo para participar el próximo viernes que estaba a solo dos días.
El viernes comenzó cargado con trabajos personales pendientes.  Acostumbrado a la buena organización de Doris, ahora me tocaba cargar el pequeño generador de electricidad al carro, la extensión, pasar a CDV por la ropa, las “mochilas”, la hielera, las mesas, (las cuales olvidé) ir a trabajar, pasar por el agua y el hielo, en fin, un día ocupado.  Gracias a Dios, Herminio, “bebo”, de cariño, otro comprometido pilar de CDV y mochilas, se encargaría de comprar pizas y refrescos para llevarlos a la Plaza. También, la pequeña iglesia de Gurabo había confirmado su asistencia para dirigir el culto.
Llegó mi hora de comida y salí de inmediato hacia la Plaza a menos de tres minutos de mi lugar de trabajo.  Me encontraba preocupado por el hecho de que el generador se encontraba lleno de gasolina dentro del auto y hacia un terrible calor, pero solo lo puse en manos del Señor hasta mi salida.  
 La iglesia de Gurabo había llegado al lugar.  Es una Iglesia pequeña, pero con una fe grande.  El templo tiene más de 40 años y está situado a pocos minutos de Caguas, en medio de las montañas de Gurabo.  Tiene techo de lámina, destruida por el Huracán María (aun gotea con la lluvia), una yegua en un potrero con ventanas francesas, a “spoty” el perro de raza australiana, quien es “mi goldo” y cuatro fieros chihuahuas que cuidan la casa.  Es una congregación pequeña de personas con experiencia y una madurez espiritual forjada por los años de oración ayuno y estudio de la palabra.  Es dirigida por la Pastora Angelica, “mi Mai” una mujer de Dios con una fortaleza física y espiritual que solo Dios otorga.
Al llegar a la Plaza, negras nubes amenazaban con un fuerte aguacero.  Descubrí que había olvidado las mesas y “bebo” aún no llegaba con la comida.   Solamente estaban Angelica con Ferny, Juan y un nuevo y joven hermano.  Además, Santo, el hermano con el equipo de sonido simplemente no aparecía y no respondía las llamadas ni los mensajes.
 Este día en especial la atmosfera era diferente, quizá no estaba cargada con la pesadez y hostilidad de otras ocasiones, la oración unida de los meses anteriores había hecho su trabajo.  En cambio, estaba saturada de un sentimiento de desesperanza, soledad y abandono.  Aún con la fortaleza espiritual de Angelica y sus mas de 40 años de experiencia de predicación en puntos de droga parecía que no era suficiente.
He aprendido a confiar en el Señor y a tener fe.  Aunque no lo vea siempre está obrando y procuro descansar en El.  Sin embargo, solo nos encontrábamos cinco hermanos parados en la Plaza, con el piano eléctrico en el piso, sin equipo de sonido, sin comida y con una comunidad de pobres almas hambrientas sin hogar que nos miraban en espera del alimento que recibían una vez al mes.  No me sentía desesperado a pesar de que el peso caía sobre mis hombros como plomo, pero había algo diferente, como si el Señor quisiera mostrarme algo.   Sentí un profundo vacío en el pecho y de inmediato el Señor puso en mi corazón “apártate y ora”.  Me alejé a un rincón de la Plaza, junto a unas bancas de concreto.  Me arrodillé en el duro cemento y comencé a orar con clamor. “Padre, tu me has traído y confirmado en este ministerio, tengo fe, confió en ti, en tu palabra, tu amor, tu misericordia y tu fidelidad.  Me arrodillo ante ti en completa humillación en reconocimiento que todo es de ti por ti y para ti.  Glorifícate mi Dios.  Te lo pido en el nombre de tu amado hijo Cristo quien murió por mi sin merecerlo.  Gracias Padre”.  Me incorporé y caminé decidido hacia los hermanos y les dije, “vamos a comenzar a capela” no son necesarios los micrófonos ni las bocinas, con su voz basta “Mai”.   
En zapatos altos, Angelica solo llega un poco por encima de mi codo.  Sin embargo, cuando abre su boca una potente onda sonora sale de su garganta que llena todo espacio, sea cerrado o abierto.  De esta manera comenzamos los cánticos de alabanza, con la pequeña bocina integrada del piano eléctrico de Ferny, el güiro de Juan y la onda expansiva de Angelica.
A los pocos minutos de comenzar, un auto se detuvo cerca de la Plaza.  Una mujer me hizo señas para que me acercara.  Cuando llegué al auto, ella me preguntó con una amable sonrisa si habíamos comenzado.  Me explicó que otra iglesia venía en camino con comida.  Le respondí que estaría pendiente cuando llegaran para integrarnos.  Ella se despidió y dijo que se comunicaría con la congregación para preguntar cuando llegarían.

Minutos después, a lo lejos, vi varios autos estacionarse.  Un pequeño batallón de hermanos con camisetas azules descendía y se acercaban a la plaza.  Me dirigí de inmediato a recibirlos lleno de emoción.  Me presenté y mi boca se lleno de palabras de bendición y unidad cristiana.  Les comenté que eran la respuesta a una oración.  Pastor Héctor fue el primero con quien hablé y me dijo que para ellos esta actividad era también una oración respondida.  Llegó pastor Carlos Rodríguez (ambos de la Iglesia Casa de Alabanza Cristo Rey de Reyes de Caguas) y comenzamos a hablar, a dar gracias a Dios, alabarlo y darnos fraternales abrazos.
En cuestión de minutos nos organizamos.  El batallón de camisetas azules (las de Mochilas de Fe son rojas) se movían como hormiguitas perfectamente organizadas.  Bajaron las mesas, la comida y el agua.  Algunos minutos más tarde, llego Ramón, de Mochilas de Fe; de alguna forma hizo los arreglos y llegó fielmente a su compromiso ministerial.

Antes de comenzar, nos reunimos en un compacto grupo, en un solo cuerpo que es la iglesia de Cristo.  Elevamos una oración en clamor de agradecimiento por la provisión, por guía, dirección y protección del espíritu Santo y sus ángeles.  Reafirmamos la Plaza como un lugar de Cristo y continuamos con nuestras tareas.  Lo que sucedió después fue definido por pastor Héctor como “un banquete espiritual” en donde todo fue guiado por el Espíritu Santo y Dios se glorificó derramando palabra y bendiciones de forma abundante.
Empezaba a obscurecer, y nos dimos cuenta como el alumbrado de la Plaza ¡al fin funcionaba!   Estaban sin servicio desde el Huracán María y ahora alumbraba perfectamente el lugar.  Además, ¡Por fin llego el equipo de sonido!  - ¡Llego el hermano Santo con las bocinas Kike! -, me gritaron desde lejos.   Encendimos el generador portátil, conectamos los micrófonos y los hermanos de Gurabo comenzaron a tocar.  Las bocinas saturaron el aire con los himnos pentecostales de alabanza, sazonados con el toque caribeño del güiro tocado por Juan.
De todas partes comenzó a llegar más gente.  La alabanza continuaba con su cadencioso ritmo y ponía a todos a aplaudir y moverse bañados del Espíritu Santo que se derramaba en todo el lugar.  El batallón de las camisetas azules estaba por todas partes.  Se acercaban con amor y compasión a los adictos sin hogar y los invitaban a comer o les llevaban comida.  Se repartió ropa, “mochilas” con productos de higiene personal y lo más importante palabra y oración.
            Crucé la calle hacia el pequeño templo de La Iglesia Pentecostal 1ra de Tesalonicenses, del pastor Edgar.  Un joven y persistente pastor quien está todo el tiempo frente al parque con su congregación librando la batalla con evangelismo y oración.  Entré al templo, y me llenó de gozo ver a este joven amado y fiel Siervo del Señor.  Lo saludé con un gran “mi amado pastor” y nos dimos un fuerte abrazo como los que se dan los hermanos en Cristo, fieles servidores de Dios.  De nuevo mi boca se llenó de bendiciones, palabras de alabanza y unidad cristiana.   Lo invité a cruzar la calle y lo presenté a los otros hermanos en Cristo.  Los pastores y hermanos hablábamos unos con otros, hacíamos planes, nos uníamos en alabanza y nos envolvíamos en fraternales abrazos de hermandad.  Nos convertimos en una sola iglesia, un cuerpo de Cristo que actuaba de forma unificada, organizada y coordinada.
Pastor Carlos me dijo, “Kike, hay un hermano que viene preparado con una palabra”.  En cuanto tuve la oportunidad me acerqué a Angelica y le notifiqué acerca del hermano.  De inmediato, lo presentó y le cedió el micrófono.  Hermano Ricardo, un alto y corpulento varón de piel morena, empezó su predicación con unción y poder.  El Espíritu Santo continúo derramándose con mayor intensidad de forma sobreabundante. ¡La Plaza se inundó de bendición hasta llegar a un joven corazón quien entregó su alma a Cristo! ¡ALELUYA! 
Por añadidura, durante la oración final de agradecimiento del pastor Carlos, la bendición no paró de derramarse.  Mas almas fueron tocadas y fueron conmovidas hasta la médula.  A mi mano izquierda se encontraba Herminio de CDV, “el gran bebo” (como solo yo lo nombro de cariño) y a mi derecha, Gabriel, un joven indigente con quien había conversado brevemente.  Nos encontrábamos en oración cuando tuve que abrir los ojos y mirar a mi derecha.  El joven sin hogar se agitaba y estaba a punto de desplomarse mientras el Espíritu Santo lo estremecía.  Me vi obligado a retirar mi mano de “bebo” y colocar ambas manos sobre el joven quien no paraba de moverse hasta casi caer al piso.  Intensifiqué mi oración y coloqué mis manos en su torso para sostenerlo.  “Bebo” asentó su mano con firmeza en mi espalda y continuaba orando sin parar.  El Hermano Ricardo, quien acaba de predicar, se percató de lo que sucedía y se movió hacia nosotros para unirse a nuestro clamor.  Los tres reclamábamos la liberación de esta alma en el nombre de Cristo.  La carga de la batalla espiritual era demasiado intensa.  Me sentía hiperventilado, con los músculos tensos, la boca seca, bañado en sudor y con nauseas.  El joven continuaba moviéndose sin parar hasta que gradualmente se tranquilizó.  Finalmente, El que mora en nosotros se impuso sobre el espíritu malo que estaba en el joven.  Una repentina claridad  volvió a su mirada y su voz.  Nos abrazó, lloró, dio las gracias y nos dijo que llevaba días sin comer y tenía hambre
Al volver la mirada a mis espaldas, descubrí que lo mismo sucedía con otro joven por quién Ramón y Pastor Héctor se encontraban orando.  Hermano Ricardo se quedó ministrando al joven.  Tomé aliento y me acerqué a ellos para ver cómo estaban las cosas.  Al mirar de cerca, descubrí ¡que también el Señor se había glorificado en ese joven!  ¡Aleluya!     
               Por mediode una lluvia en forma de brisa, el Señor nos indico que era tiempo de retirarnos, los abrazos y alabanzas no paraba.  La atmósfera estaba saturada de bendición derramada.  De esta manera, comenzamos a recoger las cosas no sin antes planear un día de oración en el templo de Gurabo.  Solo en ese momento, Dios permitió a las nubes soltar su carga de agua en forma de lluvia refrescante que terminó de limpiar la Plaza de la Juventud, la cual ya es de Cristo para salvación y no para perdición.
Regresé a terminar mi jornada de trabajo, mi salida era a las 10 pm.  Llegué a casa desbordado por el Espíritu Santo que continuaba moviéndose en mí, de hecho, lo llevaba haciendo desde hacía dos semanas, de forma diferente, como en preparación a este día. 
En esta ocasión, El Señor el dió la provisión de todo lo necesario para glorificarse.  Sin planeación humana, solo con fe y oración.  Como resultado, cuatro pastores, tres iglesias y un batallón de servidores se unieron en un solo cuerpo que es la iglesia de Cristo y derramó bendición en abundancia.  Nos mostró como si hay unión cristiana se crea unidad en Cristo.
Antes de retirarme a descansar, me encontraba en oración lleno de gratitud.  En un instante, todo lo sucedido en este día, el Señor lo puso en mi corazón con las siguientes palabras: “En su unidad está el cuerpo de mi Hijo amado. Ves como soy yo por mi gracia y no ustedes con sus fuerzas”.  Bendiciones hermano en Cristo.

Pues, así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros.

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