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Friday, April 2, 2021

Una mano, dos manos

 




Me encontraba de regreso en el piso de cuidado intensivo después del procedimiento de cateterismo.  Las enfermeras me reconectaron a todos los cables de telemetría y me suministraron todos los medicamentos necesarios. Con toda amabilidad y cuidado se esforzaban por hacerme sentir cómodo.

A través del firme vendaje en la muñeca izquierda, con una cuña de yeso como el que utilizan para las fracturas, podía percatarme del trabajo meticuloso y perfeccionista del cardiólogo, el doctor Garcia. Sin embargo, sentía un intenso dolor desde el pecho que bajaba por el brazo y se intensificaba en la muñeca y la mano. La enfermera me miró y como descifrando el dolor que sentía, me dijo en su dulce y reconfortante tono de voz “en breve le aplicaremos más medicamento para el dolor”.

A pesar del procedimiento me sentía lucido, fuerte y animado. Una vez se pasó por completo el efecto de la anestesia, decidí grabar una serie de videos para mi familia y amigos acerca de cómo me sentía. Les comenté acerca de lo exitoso del resultado.

Al día siguiente, me retiraron el vendaje y me sentaron en una silla. El dolor era aún bastante intenso. Me explicaron como el introducir el catéter por la arteria desde la muñeca hasta el corazón, causaba una irritación y algunos derrames que eran dolorosos.  La enfermera se preparaba para conducirme al baño y acomodaba los kilométricos cables, así como las mangueritas de suero y el oxígeno. En ese momento el dolor en la muñeca se intensifico y me hizo inclinar el rostro hacia la pequeña herida y la inflamacion.

Dios ponía en mi mente las palabras” dos manos, dos manos”; sentí un profundo estremecimiento con dolor en mi pecho y en todo mi ser, las lágrimas quisieron brotar de mis ojos y de muevo vinieron a mi mente las palabras” sus dos manos”. La enfermera se encontraba a mi lado desenredando la maraña de cables y mangueras. De repente, de mis labios brotaron las palabras” Sus dos manos. A mi solo me pusieron un catéter y a Cristo dos enorme clavos en sus manos”. Ella se quedó completamente inmóvil y de su boca salió un conmovido “amén”. “Lo hizo por mí y por ti. Por amor” le dije, mirando mi muñeca. Ella me miro a la cara y me regalo una dulce sonrisa. Los dos nos quedamos unos segundos en silencio e inmóviles; profundamente conmovidos mirando la llaga en mi amoratada e inflamada muñeca. En ese momento le mencioné como la historia indica que en realidad Cristo fue crucificado con clavos en su muñeca, no en la mano.  Ella asintió con la cabeza, me colocó la mano en un hombro y con los ojos húmedos y me dijo,” Si, por amor”

Comprender el significado de la semana Santa va más allá de no comer carne o ir a la iglesia una sola vez al año. Dios dió a su único y amado hijo por amor a ti. Para el perdón de tus pecados y rebeliones. Así de grande es su amor por cada uno de nosotros. Esta es la esencia de la Semana Santa: La muerte de Cristo por amor a ti y su resurrección para cumplir sus promesas de salvación y vida eterna.

Si aún no le has entregado tu corazón a Cristo, solo debes acercarte a Él con un sincero arrepentimiento por tus pecados y rebeliones, reconocerlo como tu salvador y pedirle que escriba tu nombre en el Libro De La Vida. Bendiciones para ti y tu familia en esta Semana Santa.

 

 

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:5

Reina-Valera 1960



Video en you tube en el siguiente enlace:

 https://youtu.be/q3yZKwkbIKI

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Sunday, August 13, 2017

Pecado, perdon y consecuencias.



No somos conscientes de nuestros pecados hasta que somos confrontados por sus consecuencias.  En la mayoría de las ocasiones vivimos tan acostumbrados a nuestras faltas que las aceptamos como algo “normal”.  Más aún, cuando vivimos en una sociedad que promueve, alimenta y premia toda clase de conductas que son perjudiciales al hombre, como el libertinaje sexual, pornografía, alcohol, drogas, egoísmo, soberbia, matanzas, intolerancia, etc.
 Esta costumbre y aceptación social del pecado nos lleva a la autodestrucción. Destruye la dignidad humana, a la familia y toda la sociedad.  Solo cuando decidimos seguir el camino de Cristo, se quita el velo de nuestros ojos y podemos ver la verdad. De esta manera, comienza un proceso que nos pone frente a frente con nuestros pecados.  Solo así, podemos comenzar un proceso de sanación que libera nuestros corazones y purifica nuestras almas.
Cuando entendemos que Cristo murió por nuestros pecados, que el derramamiento de su sangre fue para la salvación inmerecida de todos aquellos que lo aceptamos en nuestros corazones, es cuando comienza un hermoso proceso de restauración y perdón en nuestras vidas.  No obstante, debemos estar atentos y conscientes que este proceso puede ser doloroso, pero con un propósito.  Es necesario ser confrontados por nuestros pecados para entender el daño que nos hacemos a nosotros mismos y a los demás.  Solo esa confrontación produce el dolor que nos lleva al arrepentimiento genuino y a entregarnos por completo a Dios.  Por consiguiente,  debemos entender que, al aceptar a Cristo, nuestros pecados son perdonados, pero nuestras faltas tienen consecuencias, aun con su perdón.
El adulterio puede llevar a la desintegración de tu familia, las drogas a vivir en la calle, el egoísmo al aislamiento, el amor desmedido al dinero a la cárcel, la homosexualidad al SIDA y la soberbia a la tirania. En realidad, NO es que Dios te haya abandonado, fuiste tú quien le dio la espalda y decidió desobedecerlo.  Él no es un padre impositivo, nos permite elegir entre seguirlo o no, y nos da libre albedrio para decidirlo.  
Debemos sentir un profundo y sincero arrepentimiento para que Cristo se glorifique en nosotros por medio de la restauración de nuestras vidas.  Solo es necesario venir con humildad a nuestro Padre en cualquier momento y entregarle nuestro corazón.  Él tiene misericordia de nosotros, toma nuestras cargas, nos perdona, nos restaura y nos da vida eterna en Cristo.  Él envió a su hijo por ti.
Bendiciones.


Luc 19:10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.


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